Historia
Antes de la invasión romana, el País del Beaujolais estaba poblado por tribus galas: los Eduenos en el norte y los Segusiavos mezclados con los Ligurios en el sur. De la época anterior a los Celtas, se encuentran todavía, como testigos aislados, algunos dólmenes y menhires raros.
En St. Roman des Îles, a lo largo del río Saona, los hijos de Carlomagno se preparan para repartirse Europa, mientras trabajan en la redacción del tratado de Verdún (843).
Pero la historia del País del Beaujolais empieza en verdad a principios del siglo X. Hacia 967, un cierto Bérard (o Béraud), importante señor feudal, y su mujer Vadalmondes fundan en su castillo de Pierre Aigüe, en el alto valle de Ardières, una capilla llamada a convertirse en el siglo posterior en la Colegiata de Nuestra Señora de Beaujeu. De hecho, parece ser que ha sido bajo el reino de sus primeros descendientes que el nombre de Beaujeu ha tenido su origen (¿de Bellijacum? ¿Belligoci?) y que por transformación natural queda constituido el señorío de Beaujolais.
A fuerza de luchas constantes con sus vecinos: los Arzobispos de Lyon, los Condes de Forez, los Condes y Obispos de Mâcon, el señorío ensanchó sus dominios, a pesar de algunos serios reveses. Durante varios siglos, los límites del Beaujolais han ido oscilando, llegando hasta el Loira por el oeste en el siglo XII, flanqueando el Saona por el Este en el siglo XIII y hasta los confines del Lyonnais. Las expansiones territoriales no son exclusivamente el resultado de la fuerza de las armas, sino también de un conjunto de hábiles alianzas y de matrimonios oportunos.
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